recibir los honores que le concede el estado como ex gobernador. El mismo estado que lo destituyó y lo defenestró, el mismo Estado que lo boicoteó hasta la burla de sus propios conciudadanos.
Pocas son las voces que hoy le valoran a Avelín su honestidad y perseverancia en la lucha por la vida. Es más común sentir en los pasillos de las oficinas públicas decir que fue un inútil y lo comparan con las gestiones posteriores desconociendo que el primer préstamo para la iniciación |
de las obras de los diques y el hospital fueron en su gestión. Es más cómodo recordar sus peleas con el ministro Cavallo, que reconocer que le trababan los fondos para pagar sueldos y hacer obras y que los mismos que lo llevaron al poder se complotaron con la “oposición” para destituirlo.
Avelín no es el último caudillo como lo tildan algunos medios, pero si así fuera, es mejor ser el último caudillo que el primer tirano. |