al vacío. Por irracional que parezca, no huir hacia cualquier lado cuando la cosa se complica, cambiar de destino, debe ser algo que entusiasme, que convoque, que genere esa mística que antecede a cualquier triunfo.
Pero para eso, a la crítica, al señalamiento del error, se le debe sumar mucho trabajo, un discurso inteligente, apoyos desde diversos sectores de la sociedad civil, financiamiento adecuado, equipos de trabajo a la altura de las circunstancias, propuestas superadoras y candidatos que tengan la llegada potencial para hacer su parte y seducir a los votantes con convicción.
Muchos prefieren, por comodidad, no hacer la labor correcta, otros porque se sobreestiman a sí mismos y creen que esto es un juego de niños, o porque subestiman al rival de turno, y otros, los mas, porque esperan que algún hecho fortuito, contextual, modifique las cosas y se ocupe de generar las condiciones imprescindibles para la derrota política del partido oficial.
Endeble como estrategia para que sea suficiente para vencer a quienes disponen de los medios económicos estatales, esos que usan como propios, confundiendo convenientemente Gobierno, Estado y Partido, para provecho de la cruzada oficial.
Quien es opositor corre con muchas desventajas, pero sumar algunas ingenuidades, a esa lógica distancia de recursos es cuanto menos infantil, y demuestra que quien pretende el poder no está a la altura de sus pretensiones políticas.
Estamos como estamos, porque los que gobiernan cometen errores, equivocan el diagnóstico y no tienen soluciones concretas para los problemas estructurales que acumulan décadas.
Pero no menos cierto es que los opositores, los que están en la vereda de |
enfrente, abusan del discurso que juzga, que reprocha compulsivamente, y que tampoco tiene las ideas esperadas para contrarrestar la inoperancia.
Si las tuviera, si realmente supiera cómo salir del embrollo presente, de los asuntos que preocupan a la sociedad toda, lo habría explicitado con claridad y convencería a casi cualquiera sin tanta resistencia.
Los opositores tienen una importante responsabilidad respecto de la fotografía actual. No solo no han sabido superar electoralmente al gobernante que pretende eternizarse, sino que no han sabido construir una opción seria para contrarrestar el impulso inercial de quien conduce.
A no confundirse. No todas las culpas están del lado de quienes parecen mover los hilos del poder. La inacción que se ubica del otro lado del mostrador, es absolutamente funcional al status quo que no permite avanzar en los asuntos que importan.
Por eso, cuando de analizar la realidad se trata, hay que resistir la tentación de quedarse en la anécdota, mirando solo una arista del presente. Cada protagonista de esta historia tiene su cuota de responsabilidad, y no marcarla como corresponde, es no comprender lo que sucede.
Si queremos convertir la realidad, debemos estar dispuestos a hacer lo que nos toca como ciudadanos, enfocándonos en tener siempre disponibles las opciones políticas que garanticen que el poder siga en manos de la sociedad, sin que esta termine siendo rehén crónico de la partidocracia.
Exijamos al oficialismo la parte que le toca, la de gobernar adecuadamente, pero nuestro reaseguro democrático, es garantizarnos que los opositores trabajen mucho y seriamente, para la construcción de una alternativa. |