“Son ideas que se basan en el sentido común, muy sencillas de armar y que resuelven problemas de todos los días. Se pensaron alternativas para que las personas con alguna limitación funcional mantengan y fortalezcan su autonomía, que los demás no tengan que hacer las cosas por ellos, para que se sigan sintiendo útiles y valiosos”, explica la terapista ocupacional Gladys Martínez, responsable del proyecto y coordinadora técnica del Centro perteneciente al Departamento de Salud Comunitaria de esa casa de altos estudios.
El proyecto tiene como antecedente una iniciativa de la UNLa impulsada en 2005 junto al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, mediante la cual se buscaba atender la problemática de la autonomía en los adultos mayores, que en ciertos casos se ve afectada por la presencia de alguna enfermedad. El resultado fue un set de adaptaciones artesanales de 30 objetos, diseñado por los propios adultos mayores, destinados a la alimentación, higiene, accesibilidad, seguridad y recreación. El catálogo fue difundido en centros de jubilados y residencias geriátricas -entre otras instituciones-, donde dieron charlas sobre cómo hacer esas modificaciones, con elementos reciclados o de bajo costo, para qué sirven y qué problemas previenen -por ejemplo, caídas-. |
Pero este año van por más. El proyecto con el que ganaron el segundo puesto consta en armar un nuevo set junto a estudiantes de la carrera de Diseño Industrial de la UNLa. Juntos realizarán relevamientos en centros de jubilados y residencias para adultos mayores de la zona, diseñarán otro catálogo y enseñarán a hacerlos en esas entidades.
“Este proyecto articula saberes. A lo teórico y técnico se suma la experiencia, la vivencia y el trabajo artesanal de las personas mayores. La idea es cambiar la mirada hacia el adulto mayor, valorizar su función social. Mayores preocupándose por otros mayores o personas con limitaciones funcionales y a la vez trabajando con jóvenes”, destaca con orgullo Martínez
Por su parte, Ramón Pizarro, de 71 años, voluntario de la UNLa, cuenta que se sumó en 2005 buscando contención para los familiares de veteranos de guerra, a partir de su propio dolor al haber perdido un hijo en Malvinas. “Hay muchos adultos mayores que por diferentes causas anhelan entrar a un aula universitaria -afirma- y ahora, con los años, tienen la oportunidad de hacer un curso o taller, o integrar el grupo de voluntariado. Es enriquecedor para la autoestima de cada uno y porque se puede transmitir ciertos conocimientos y cierta forma de vida a los jóvenes”. |